Del miedo al amor

Hemos recorrido un largo trayecto para encontrarnos en este capítulo. Acá se consuma todo nuestro trabajo de profunda reflexión. 

Nos encontramos frente a los dos grandes: el miedo y el amor. Fuerzas que mueven el mundo, ¿cuál de estas quieres que gobierne tu vida? Vamos a verlo.

El miedo es una de las emociones más primitivas que existen, se encargaba de maximizar las posibilidades de supervivencia de nuestros antepasados puesto que les permitía responder frente a las amenazas. A partir de ello se producen una serie de cambios fisiológicos inmediatos que determinan nuestras reacciones, desde la huida en busca de seguridad, hasta el ejercicio de la violencia para intimidar, pasando por estados como la paralización o el enfrentamiento.

El miedo es considerado como un producto emocional de la amígdala, una estructura que se ubica en la base del cerebro y desempeña una función central al recibir información de todos los sentidos y alertar a otras estructuras cerebrales. La amígdala es una especie de botón de emergencia de nuestro cerebro, si nos acecha un peligro inminente, este núcleo activa una señal que se reenvía inmediatamente al resto del cuerpo. La respuesta autónoma del miedo surge mucho antes de que nuestra razón haya podido decidir nada al respecto, en una suerte química nuestro organismo ya se ha puesto en funcionamiento, preparándose para la huida o para el ataque inminente.

El sistema nervioso simpático es el responsable de que el cuerpo disponga de su rendimiento máximo durante un breve periodo de tiempo, justo en el momento en que el individuo se ve presa del pánico. Entretanto, otras funciones que son menos importantes en ese tipo de situaciones, decaen oportunamente.

Observemos más claramente cómo reacciona nuestro cuerpo al miedo:

  • La musculatura se contrae en un intento de prepararse para la huida, al tiempo que provoca cierto temblor y calambres generales.
  • El número de enzimas del estómago disminuye considerablemente para asegurar un ahorro de energía al tiempo que nos provoca sensación de náuseas.
  • Se da una respuesta cardiovascular, pues nuestro corazón late apresuradamente y la presión sanguínea aumenta. Esto provoca que dispongamos de mayor velocidad en el reparto de oxígeno entre los músculos. Esta acción puede acarrear una sensación de taquicardias, hormigueos en brazos y piernas y un molesto zumbido en los oídos. 
  • La respiración pulmonar se acelera considerablemente para aumentar el intercambio entre dióxido de carbono y oxígeno; esta acción es la que provoca esta molesta sensación de opresión en el pecho.
  • Nuestro sistema inmunitario decae con la intención de preservar la energía, motivo por el cual nos vemos más expuestos a infecciones.
  • Las pupilas de los ojos se dilatan y el líquido lacrimal disminuye para aumentar la percepción visual.

Una vez transcurrido el periodo del miedo, si percibimos que la amenaza terminó, se reactiva el sistema nervioso parasimpático, el cual llevará a contrarrestar las acciones emprendidas anteriormente:

  • Los ojos aumentarán su líquido lacrimal, lo que provocará un llanto inevitable
  • El corazón empezará a latir más despacio y la presión arterial disminuirá, lo que puede ocasionar mareos y desmayos.
  • La respiración pulmonar se ralentizará en un intento para normalizarla, lo que conlleva a una desagradable sensación de ahogo.
  • Los intestinos y la vejiga se vacían para promover, si es el caso, una huida más acelerada, lo que puede padecer una micción incontrolada.
  • Finalmente, la tensión muscular se pierde de golpe, motivo por el cual surge rigidez y flojera en las rodillas.

Nuestro cuerpo es un sistema perfecto. Podemos aprender a conocerlo para estar alineados con él. Comprendimos que nuestro cuerpo sabe cómo tramitar el miedo, siempre y cuando seamos conscientes de estas transformaciones y no las prolonguemos o frenemos ya que esto trae consigo un desequilibrio físico y mental. Es necesario generar un vínculo mente-cuerpo pues se hace fundamental que las personas asuman y se responsabilicen de su cuerpo.

Vemos ahora otra perspectiva de esta emoción: una mirada psicológica del miedo.

La palabra miedo proviene del latín metus, que según el Diccionario de la Real Academia Española, se refiere a la perturbación o angustia del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario, así como la duda o la aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

El miedo es una emoción, la psicología lo ha explorado como un estado afectivo y emocional necesario para la adaptación al medio. El miedo suele ir acompañado de sentimientos de temor, aprensión e impotencia y asociado a la angustia que genera en el individuo, puede convertirse en una alteración psicológica o en un estado de enfermedad física. 

Los miedos se aprenden como las demás cosas, por experiencia directa, por imitación, y por transmisión de información. El dolor es un estímulo inseparable del miedo, y por ello todo lo que se relacione con un dolor, sea de modo real o simbólico, puede adquirir esa misma capacidad de suscitar temor. 

Encontramos que podemos tener cuatro tipos de aprendizajes en este sentido:

  1. Los sucesos traumáticos: un accidente, un abuso sexual, una separación dolorosa, un fracaso amoroso.
  2. Sucesos de la vida penosos y repetidos: sufrir pequeños traumas de manera regular, humillaciones, agresiones, sin posibilidad de control o defensa, que deterioran los recursos de una persona.
  3. Aprendizaje social, por imitación de modelos. Por ejemplo, cuando los niño/as aprenden miedos de sus padres.
  4. La asimilación de mensajes alarmantes. Puede inducirse el miedo por la repetición de mensajes alarmantes. Una educación que insiste demasiado en los peligros de cualquier situación puede llevar al miedo.

A nivel psicológico, el miedo también produce una serie de consecuencias. El proceso mental se inicia sintiendo agobio y malestar, eso nos indica que algo no va bien. Posteriormente, como nuestro cuerpo ha activado partes del cerebro implicadas en este proceso, nos ponemos en estado de alerta y, en algunos casos, actuamos rápido y con una supuesta valentía. Esta reacción es similar al estrés, ya que enfoca nuestra atención a unos pocos estímulos y pone en funcionamiento máximo a nuestra mente.

También hablamos de miedos normales y patológicos. El primer tipo es una alarma bien calibrada en su activación y regulación, es decir, se activa en el momento apropiado y en su regulación desaparece con rapidez y facilidad cuando el peligro ya ha pasado o cuando se ha hecho una evaluación de la situación. El segundo tipo es todo lo contrario y se activa con falsas alarmas, es frecuente en el tiempo y no se puede controlar, por lo que genera reacciones fisiológicas que afectan la calidad de vida de un individuo.

Si hay una dimensión verdaderamente desgastante para el ser humano es el miedo patológico. Ese que conforma el trastorno de ansiedad generalizada, de la angustia sin sentido, las fobias, la hipocondría o los trastornos obsesivos compulsivos. El miedo viene como vemos visto en muchas tonalidades de grises y negros profundos, de esos donde la persona pierde por completo su capacidad de control, su calidad de vida. Cuando los procesos mentales dejan de ser adaptativos, es el momento de actuar y de iniciar una terapia psicológica que tenga por objetivo relajar nuestros miedos y calmar la mente.

Es momento de ir encontrando la manera de superar esos miedos que frenan nuestra vida y no nos dejan progresar como desearíamos. Te recomendamos:

  • Deja de huir. Cuando tienes miedo a algo, es natural que pongas excusas para evitar afrontarlo. Sin embargo, esta reacción provoca aún más miedo ya que este te persigue con más fuerza. Con esta actitud de huida acabas teniendo miedo al miedo, lo cual es mucho peor.
  • Deja de negarlos. A muchas personas les cuesta aceptar que tienen miedo. Se autoengañan contándose una historia falsa para demostrar una valentía que no tienen. El primer paso para superar un miedo es aceptarlo.
  • Deja de luchar. No veas el miedo como a un enemigo al que hay que derrotar porque siempre te ganará. Cuanto más luchas, más grande y poderoso se convierte. Date cuenta que en el fondo es una lucha contigo mismo.
  • Hazte amigo de tus miedos. Permítete sentir el miedo en tu cuerpo. Obsérvalo e identifica cómo se manifiesta, en qué partes de tu cuerpo, cómo reaccionas, ¿te sudan las manos?, ¿se te acelera el corazón?, ¿te tiembla la voz?, ¿te sonrojas?, ¿qué es lo que te sucede a ti cuando sientes miedo? Cuando lo tengas bien identificado date cuenta que es solo una sensación corporal, no te vas a morir por ello y empezarás a ser capaz de afrontarlo. Se trata de normalizarlo como una simple emoción incómoda y pasajera.
  • Afróntalos como una oportunidad para crecer. Cambia tu perspectiva y mira los miedos como grandes maestros que te desafían a ir más allá de ti mismo. Haz lo que te da miedo. Es la única manera que tienes de liberarte definitivamente de él.

Reflexionemos:

  • ¿De qué forma el miedo afecta tu vida?
  • ¿Qué diferencia encuentras entre el miedo y el apego?
  • ¿Cómo el miedo interfiere en tus relaciones?

Entonces, el miedo es una emoción primaria, natural y adaptativa. Representa la vulnerabilidad a la que podemos vernos enfrentados. Es un sentimiento necesario en la vida de los seres humanos, no es adecuado suprimirlo pero tampoco se debe sucumbir a él. La clave está en buscar un equilibro: permitirse sentir miedo pero enfrentarlo para continuar con el crecimiento personal.

Para avanzar e iniciar la transición del miedo al amor hablaremos de una herramienta indispensable: el desarrollo de la razón

La razón es la facultad del ser humano de pensar, reflexionar para llegar a una conclusión o formar juicios de una determinada situación o cosa. La palabra razón proviene del latín ratio, rationis que significa “cálculo, razón o razonamiento”.

La filosofía y la psicología occidental han dado especial importancia a esta capacidad de la mente humana hasta el punto de considerarla esencial y definitoria del ser humano. El hombre es el «animal racional» decía Aristóteles.

En la filosofía griega la idea de razón aparece como la acción de pensar orientada hacia la sabiduría, con el fin de entender las cosas y poder actuar en forma justa; o bien se presenta como la facultad pensante que posee el que es inteligente y que actúa en consecuencia. Esto exige un acto de visión mental que permite la comprensión de la realidad.

En nuestro cuerpo la parte lógica es controlada por el lóbulo izquierdo del cerebro, en el cual tratamos de buscarle el sentido a las cosas. Este es influenciado por nuestras experiencias, interpretaciones y conceptos aprendidos de nuestros padres, escuela, amigos. La razón se empieza a desarrollar desde que nacemos y se va sofisticando a través de los años. Es influenciada por la madurez o inteligencia emocional del individuo.

Usar la razón es beneficioso, sobre todo, cuando se tocan temas sensibles o conflictivos. Es ahí cuando se debe tener cuidado de no herir u ofender con nuestras palabras simplemente porque nos sentimos furiosos, temerosos o heridos. Medir nuestras palabras a través de la razón puede ayudar a resolver los problemas de una manera más efectiva, evitando que estos empeoren.

Emoción y razón son procesos mucho más inseparables de lo que solemos creer. No podemos convertirnos en seres que anulan sus sentimientos. Sólo la inmadurez cerebral o la enfermedad pueden originar seres o comportamientos puramente emotivos o puramente racionales y sólo el equilibrio emoción-razón garantiza el bienestar de las personas.

Teniendo este amplio panorama sobre el miedo y encontrando lo grandioso de la razón estamos listos para abrirnos al amor.

Aunque cada uno de nosotros puede tener su propia definición del amor, desde el punto de vista biológico se le ha caracterizado como un fenómeno integral que involucra nuestro cerebro y nuestros órganos productores de hormonas, como la hipófisis y la glándula adrenal. En el amor participan varios mensajeros químicos que proporcionan una gama de sensaciones que van desde el placer, la euforia, la confianza y la seguridad, hasta la ansiedad, la obsesión y la depresión. Es un fenómeno que incluye patrones conductuales, cognitivos y emocionales característicos.

Siguiendo en la línea biológica, podemos distinguir básicamente dos tipos de amor: el amor de pareja o romántico y el amor filial (maternal o paternal). Ambos son fundamentales para la supervivencia de nuestra especie, ya que el primero en términos generales lleva a la reproducción, mientras que el segundo permite que las crías reciban los cuidados adecuados para su desarrollo.

Durante el enamoramiento ocurren cambios fisiológicos impresionantes en nuestro organismo. Se modifica la producción de hormonas (mensajeros químicos secretados por una glándula y con efectos distintos sobre la mente y el cuerpo), cambia de manera notable nuestro estado de ánimo e incluso se llega a tener una percepción diferente de la realidad.

Como dato curioso, encontramos un estudio científico donde en sujetos muy enamorados, la presentación de fotografías de la persona amada activaba regiones del cerebro relacionadas con emociones positivas, que causan bienestar. Al mismo tiempo se inactivaban otras regiones cerebrales que se asocian al miedo, la tristeza y al establecimiento de un juicio crítico de la conducta y las intenciones de las otras personas. Esto parece relacionarse con el hecho de que cuando estamos enamorados todo o casi todo nos parece ideal en nuestra pareja; podemos entonces entender por qué se dice que «el amor es ciego».

Desde el punto de vista puramente psicológico, el amor es una experiencia afectiva conformada por un conjunto de variables muy concretas:

  • La principal necesidad es la de sentirnos amados. Esa ansia es más intensa que la propia sexualidad. Este deseo vital del ser humano constituye lo que conocemos como amor romántico. Se trata de toda una serie de dinámicas emocionales caracterizadas por la motivación, el deseo de vinculación, las ganas por compartir vida, proyectos, por formar parte conjunta del proyecto con alguien.
  • El impulso sexual es otro de esos motivantes. Es la búsqueda del placer, de la autosatisfacción.
  • El tercer objetivo del amor desde esta perspectiva es el apego. Apego como aspiración para obtener calma y seguridad al lado de alguien, apego como la evolución del amor romántico para alcanzar la estabilidad y evolucionar como pareja.

Consecuente con lo anterior tenemos tres componentes en el amor: intimidad, pasión y compromiso. La intimidad es la capacidad de compartir sentimientos, incluso negativos, confiar, sentirse acompañado y saber que el otro tiene los mismos intereses en la relación. La pasión se refiere a la sexualidad, y el compromiso es, a corto plazo, la decisión de amar al otro, y a largo plazo, la voluntad de mantener ese amor. Los tres componentes son distintos en diferentes épocas, lugares y culturas.

Se suele confundir el amar a una persona con el sentir química con ella. El amor va mucho más allá que el tener una afinidad con otra persona. Amar es respetar, conectar y sentirse completamente libre junto al otro. No implica solo demostrar un sentimiento de atracción físico, sino de demostrar afectivamente y emocionalmente lo que sentimos.

No podemos olvidarnos del amor más importante, el amor propio. La fuerza que nos mantiene latentes, motivados y estables. Solo basta con valorarte, ver en ti lo que ves en los demás, evitar las autocríticas destructivas y darte prioridad frente a las demás personas y situaciones. Recuerda que el amor empieza en ti y acaba en ti. 

El amor no es dualidad, es unidad, no hay amor bueno o amor malo es un estado unitivo del ser, por esto en algunas culturas se dice que Dios es amor. Cuando estamos en el amor, estamos en el presente, pues el amor no se vive en pasado o futuro lo experimentamos aquí y ahora. Así la prácticas meditativas aumentan nuestro estados compasivos con nosotros mismos y con el entorno.

Entonces, piensa por un momento:

  • ¿Cuál es tu concepto sobre el amor?
  • ¿De qué maneras te sientes amado? ¿Cómo brindas amor a los demás?
  • ¿Crees que el amor está ligado a la compasión?

Finalmente esperamos que hagas un análisis exhaustivo de tu situación actual, busca tus miedos, recurre a la razón y te transfórmate en amor. No es un trabajo fácil pero créenos, ¡vale la pena!

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